68 – miércoles 20 de junio de 2012 – Frontera-Popayán

¿Sí? pues que se j**an

Por la mañana crucé el río en canoa.

Nada más poner el pie y las ruedas en Colombia, en el propio puertín de Teteyé, me rodeó un grupo numeroso de gente. A diferencia de lo habitual, esta vez fueron todo adultos. Me hicieron las preguntas de siempre y di las respuestas de siempre. Pero entre ellos había uno que hacía las preguntas de otra manera, como más revirao, sin esa mezcla de curiosidad sincera y admiración que suele tener la gente que me encuentro. Este preguntaba otro tipo de cosas y no exclamaba “¡oh!”, “¡ah!”, ni me reía las gracias. No le di importancia y cuando di por rematada la rueda de preguntas, continué mi camino y a los pocos kilómetros me adelantó en moto y me saludó normal.

A los 40 km me volví a encontrar a uno de los que estaban en el grupo del puerto, el más majo y parlanchín, mototaxista. A esas horas ya llevaba una castaña de domingo que no le impedía seguir dando vueltas con la moto y que le había vuelto más locuaz si cabe. Nos pusimos a charlar y entre otras muchas cosas me dijo:

-¿Te acuerdas del señor del bigote?
-Sí
-Pues Farc
-Ah, claro

Me explicó que toda esa zona era Farc, a partir del río Putumayo de los paracos (paramilitares) y más allá de los militares. Luego pensando llegué a la conclusión de que es normal que tengan ojeadores en cada entrada al país, al menos en las zonas controladas por ellos. Pero como me dijo el chaval, al responder yo tan normal y tan inocente, pues no volvieron a interesarse por mí.

Después de esto, toda la gente que me fui encontrando y a quienes dije por dónde había entrado a Colombia, me preguntaban si no me había parado “nadie”. Lo pongo entrecomillado porque ellos mismos lo entrecomillaban con la cara y el tono al decirlo.

Así que esa es toda mi historia con las Farc. No es muy emocionante, ya lo sé, pero me apetecía dejaros con la intriga en la entrada anterior.

Ahora va la nota cultural sobre este tema en Colombia. Escuchando y leyendo por ahí, esta es la idea que me he hecho:

Las Farc (que, por cierto, en los diarios lo escriben así y no en mayúsculas) controlan ciertas zonas del país, y no siempre remotas. En los medios aparecen casi a diario noticias de enfrentamientos o atentados con muertos en algún lugar de Colombia. El Gobierno se niega a llamarlo “guerra” y utiliza el más inocuo “conflicto”. Por eso los prisioneros que hace la guerrilla son “secuestrados”. Aparte de eso, en “El Conflicto” no rige la Convención de Ginebra ni cosas de esas que hay en otros sitios y que garantizan una guerra justa (toma oxímoron). Todavía no sé muy bien qué piden o quieren las Farc, porque dentro de esa estrategia mediático-política entra no decirlo e insistir mucho en que son muy malos. Que yo no digo que no lo sean, pero…

Por otro lado están los paramilitares, grupos civiles armados promovidos por el Gobierno de Uribe como forma de hacer frente a las Farc. Según parece no hay ninguna ideaología detrás (aunque tiran pa la derecha) y son bastante chungos y, al menos en el pasado, han masacrado aldeas enteras por haber ayudado a las Farc. Existen muchos grupos de paracos, cada uno con un nombre como de pandilla callejera.

A ambas facciones se las acusa de controlar las plantaciones de coca, marihuana y amapola, así como la importación de todo esto desde Perú, Ecuador, Bolivia y donde haga falta. De ahí las pugnas continuas entre ellos por controlar territorios.

Hay otro grupo guerrillero más pequeño, el ELN, del que casi no se oye hablar.

Luego están los famosos cárteles de la cocaína de Bogotá, Cali y Medellín, que ya no son lo mismo desde la caída de Escobar en 1993. Ahora ya no hay zares, son menos poderosos y bastante más discretos.

Para completar la movida, están las bacrim (bandas criminales), cuya función es garantizar la salida del país de la cocaína, especialmente por el Norte y el Oeste.

Es un poco lioso, o al menos para mí lo fue hasta que oyendo por aquí y por allá conseguí hacerme un cuadro de la situación.

Y esta va a ser la única vez que comente algo de esto en el blog, porque absolutamente todo el mundo baja el tono cuando habla de todo esto, lo que indica que el tema es asaz delicado. Y si vuelvo a comentar, lo haré por lo bajini.

Estos me pidieron que les hiciera una foto y aproveché para ponerlos delante de la bici

Pues nada, yo a lo mío, que es pedalear. Después me tocó cruzar el río Putumayo. Intenté cruzar gratis en los ferris (barcazas) que transportan los camiones petroleros, pero el río estaba a punto de desbordarse (ya había llegado a algunas casas) y había una fila de camiones esperando a que bajara el nivel del agua en cualquier momento. En ese momento el cauce tenía alrededor de 1 km de ancho. Un mes más tarde vi en las noticias que se había desbordado definitivamente -como, por cierto, hace al menos una vez cada año-, con un montón de gente desplazada en casi todas las poblaciones ribereñas hasta su desembocadura en el Amazonas, ya en Brasil. Si esto fuera España, ya estaría encauzado, represado y/o trasvasado. Menos mal que esto no es España.


Llegué hasta Mocoa y me quedé un par de días en un hostel muy agradable regentado por un belga. Ahí por fin vi monos, pero con truco, puesto que el belga les deja plátanos en un sitio. Venían dos especies: uno que llaman bozo de leche y que el nombre le viene al pelo porque tiene el morro blanco como si acabara de beber leche, y uno minúsculo y un poco más asustadizo. Muy graciosos y riquinos todos, claro.

El hostel tiene un jardín muy cuidado petado de heliconias.

Las heliconias son casi todas autóctonas, pero jamás he visto ninguna fuera de un jardín. Dicen que en la costa del Pacífico salen a pie de playa. Ver veremos.

Le conté al belga mi historia con el sello del pasaporte y que estaba de ilegal en Colombia y llamó a su contacto en Migración, que le respondió que tranquilo, que en Popayán podría formalizar todo sin problema.

En Mocoa, por cierto, hay todo un negocio montado alrededor del yajé (ayahuasca). Hay un montón de taitas (chamanes, literalmente “abuelos”) que han visto una oportunidad de negocio con los jovenzuelos viajeros deseosos de hacer una toma. Aquí te insisiten mucho en que antes no era así y nadie cobraba por ello, pero que claro, que ahora…

Típica granja de la zona: almácigos (sí, como lo que pedían los Caballeros que dicen “Ni”) de café y guadua (bambú, eso alto del fondo)

Si en Ecuador los Andes se dividían en dos, en Colombia el ramal derecho (mirando hacia el Norte) vuelve a hacer lo mismo. Esto implica que para viajar por Colombia no hay más remedio que subir y bajar todo el tiempo:

  • Si se viaja Oeste-Este, hay que cruzar los ramales de la Cordillera, subiendo por un lado y bajando por el otro.
  • Si se viaja Sur-Norte hay que subir y bajar los valles perpendiculares, que aunque son más bajos, son continuos.

En este caso me tocaron ambas cosas. Dejé la llanura amazónica y dejé los bosques impenetrables

Esto da una idea de la fuerza del bosque: en la ciudad los cables petados de epífitas (por cierto, tillandsias, esas que venden en Europa pegadas a un tronquito) y de los postes de la luz crecen ramas

Para sacar la madera del bosque ponen tirolinas

o la sacan con caballerías

Desde Mocoa me dirigí a San Agustín, un área arqueológica que no me interesaba nada, pero que estaba en uno de los caminos de paso hacia Popayán y que la Lonely Planet dice que más que por el área arqueológica, el sitio es interesante por sus spectacular sceneries. Pues no, no es nada spectacular sino más bien normalito. Cada vez entiendo menos el criterio de la LP. Sin ir más lejos, el siguiente valle, a muy pocos kilómetros y por el que pasé un tiempo después, es muchísimo más guapo y, desde luego, más auténtico.

Guapo sí, pero normalito

San Agustín está lleno de guiris, tanto residentes dedicados a la hostelería, como viajeros engañados por la Lonely Planet. Es acojonante el poder que tiene la Lonli en el mundo. Si no estás en la LP no existes. Yo mismo, que me las doy de listillo, caí en la trampa.

Me quedé otros dos días en el hostel-cámping de un suizo, también muy agradable.

El último día antes de llegar a Popayán se me ocurrió dormir en una escuela después de enterarme de que estaban en periodo de vacaciones. Resultó ser una idea excelente. La noche anterior, durmiendo en este sitio

se me pusieron de corbata cuando a medianoche aparecieron dos pick-ups y un montón de gente. Luego resultó que venían a recoger madera justo al lado del chamizu, pero se me quedaron los nudillos blancos de la fuerza con la que agarré el machete.

Aquí mucho mejor

Y aquí también

Durante todo el tramo me siguieron regalando comida cada dos por tres. Esto de que me regalen cosas materiales ya lo he dicho alguna vez: es una cosa que sucede no todos los días pero casi y te acabas acostumbrando, aunque no por ello me deja de parecer un flipe y de conmoverme. Basta hablar un rato con alguien para que acabe entrando en casa y sacándome fruta o pan. Y a veces incluso sin hablar: un día me tiraron dos naranjas desde un autobús. Pero también he recibido un montón de cosas que no son comida, principalmente de otros viajeros. Y aunque yo también he dado cosas o he ayudado a otra gente, es mucho más lo que he recibido. Me da la impresión de que los ciclistas, además de causar admiración, también damos un poco de penina. Y en mi caso, ser como soy el caballero de la esbelta figura creo que contribuye a que quieran cebarme continuamente. La gente del campo aquí en Latinoamérica es superhospitalaria y dar de comer al (que tiene pinta de) hambriento es una ley no escrita. A todo esto se une que Colombia es un país muy ciclista, no tanto de viaje como de ciclismo de carretera, así que saben lo duro que es pedalear por esta orografía y lo valoran especialmente. De hecho, una cosa curiosa es que aquí los coches no me pitan por ir por el arcén contrario, como sí hacían en Perú continuamente, y yo me invento que es porque todos saben que en bici es mejor hacer las curvas por el lado de fuera.

Para llegar a Popayán toca cruzar el ramal derecho de la Cordillera, que aún no se ha dividido. Subir hasta los 3500 para bajar por el otro lado hasta los 2500 de Popayán. Eso incluye un nuevo paso por el tan temido Páramo, en el que me tocó muy buen tiempo.


En Popayán me dirigí a un hostel que me hizo gracia por el nombre: “Park Life”, como el disco de Blur. Pensé que era casualidad, pero no, cuando entré estaban poniendo “The Boxer” de The National. El hostel está regentado por un vasco, una rumana y un irlandés, todos con gustos musicales muy parecidos a los míos. Aparte de la música, el hostel es uno de los más agradables en los que he estado en este año y medio.

Vistas desde Park Life

El casco histórico de Popayán es muy guapo, todo pintado de blanco y muy colonial. Fui a Migración para solucionar el tema del pasaporte (recordemos: sin problema) y me dijeron que nanay, que tenía dos opciones:

  • Pagar una multa de unos 300 € que me garantizaba un salvoconducto de 30 días para andar por Colombia (ni de coña).
  • Ir hasta la frontera más cercana y que me sellaran el pasaporte como si acabara de entrar en el país (más barato aunque poco apetecible).

Obviamente me decidí por lo segundo, así que cogí un bus nocturno hasta Ipiales, frontera con Ecuador. El viaje fue bastante accidentado. Para empezar, nada más salir el autobús paró durante dos horas, esperando a juntarnos una comitiva de autobuses a la que escoltó la policía durante un tramo en el que había habido asaltos recientemente. Cuando por fin llegué a la frontera, ya por la mañana, el sistema informático ecuatoriano no funcionaba y estaba lleno de gente que llevaba ahí desde la noche anterior. Después de un rato (menos de una hora desde mi llegada) se decidieron a poner sellos a mano y apuntar los datos para subirlos más tarde al sistema (algo que podían haber hecho muchas horas antes). Entre la confusión hice de español, me colé y luego corrí para llegar de los primeros a la parte colombiana, que sí funcionaba. Inmediatamente cogí otro bus de regreso a Popayán, pero una barricada de los airados vecinos de un pueblín muy bien situado, nos retuvieron en un trancón (atasco) kilométrico de 3 horas bajo un sol de justicia. En realidad, a pesar de todo, fue bastante entretenido, con toda la gente del autobús charlando, amenizados por dos personajes bastante borrachos y comprando agua y rodajas de papaya y sandía que pasaban vendiendo unas negras enormes.


Este oportunismo comercial se da mucho aquí en Latinoamérica y me mola mucho. Recuerdo una manifestación en Quito en la que había varias paisanas vendiendo silbatos.

24 horas después llegué a Park Life, cansado pero con el pasaporte selladito, tanto la salida de Ecuador (que pensé que no iba a tener) como la entrada en Colombia, con 90 días de visado turístico.

No he hablado de esto hasta ahora, pero esta movida del pasaporte responde a una cosa común a toda Sudamérica: cuando pides información jamás vas a oír un “no sé”. No, aunque no sepan la respuesta se inventan una en el momento. Es muy jevi. Lo he hablado con gente local y sí, es una costumbre que hay, que no se puede decir “no sé”, que hay que responder algo; y rápido.

No entiendo muy bien por qué es, pero está claro que no hay mala intención, sino más bien lo contrario. Me da la impresión de que es una cuestión de cortesía y que sólo pretenden ser útiles, creyendo que no lo son si me dicen que no saben. En el día a día de un pueblo quizás no es muy importante, pero cuando cada kilómetro que haces estás impulsándote con tus piernas -y muchas veces en condiciones chungas- una información falsa puede ser desastrosa. Pero no, no conocer la respuesta es algo que no entra en sus esquemas. Y en esto incluyo a la mayoría de funcionarios de las Oficinas de Información y guías de Parques Nacionales.

Al final aprendes a refinar las preguntas (por ejemplo evitando las que puedan ser respondidas con un simple “sí/no”), tomar con mucha cautela cualquier respuesta que te den y preguntar a más de dos personas para hacer la media (ponderada), pero aun así nunca puedes estar seguro.

Esta movida la acepto porque es así y yo soy de fuera y no tengo nada que decir, pero el hecho es que no se dan cuenta de las consecuencias que puede tener una información falsa cuando estás viajando en bicicleta, que te pueden estar jodiendo la vida bien jodida por responder algo que no es. Grrrrrrrrrrr. Y la verdad es que no entiendo cómo pueden funcionar los países con esto, pero el caso es que funcionan.

Otra cosa de aquí de Colombia es que por primera vez me han intentado morder perros. Como ya he contado alguna vez, esto es un no parar de perros que nos persiguen a los ciclistas. Normalmente centran con la bici e ignoran al que va montado en ella. Cuando se acercan demasiado y hay posibilidad de que se crucen en mi trazada, saco la pierna, les doy en el morro, se sorprenden y frenan.

Pues aquí en general son más agresivos y ya van dos que me intentaron morder a mí -y a los que rechacé con un par de certeras patadas a cada uno- y uno que consiguió morderme, pero era un ratonero y me mordió el playero. Después de cada encuentro me metía algunas piedras en el bolsillo, pero al final nunca llegué a usarlas. Es curioso que siendo la gente tan simpática, sus perros sean tan cabrones.

Otra cosa que impacta al entrar en Colombia es esto.

Desde que comencé el viaje llevo viendo estos pajarracos por el campo, pero aquí son como palomas. Los hay por todas partes, incluyendo los parques de los pueblos.

Aquí las viejecitas les echan cabezas de vaca

En Chile los llaman jotes y por aquí gallinazos. Este último nombre es curioso, porque resulta que ahora ya se sabe casi con seguridad que los buitres del Neotrópico (y esto incluye al cóndor) no tienen nada que ver -filogenéticamente hablando- con los del Paleártico (los nuestros: la utre, la zapiquera…). Parece ser que están mucho más cerca de las cigüeñas. Entre otras muchas pruebas, una que me llama poderosamente la atención es que cigüeñas y jotes defecan sobre sus propias patas. No sé si alguien se le habrá ocurrido investigarlo, pero pa mí que es psicosomático.

Este estaba vivo. Me dio un poco de repelús

Aquí las llaman hormigas arrieras, que me hace gracia y me parece muy apropiado

¿Coral o falsa coral?

Toma ya, con meteorito y todo

Esta para Chicho, allá donde se encuentre. Jandro ¿se la puedes mandar?

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Acerca de srsuave

acojonante
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3 respuestas a 68 – miércoles 20 de junio de 2012 – Frontera-Popayán

  1. anna dijo:

    Hola Miguel, estreno este espacio complementando tu buen trabajo de campo sobre el conflicto, estas son las reivindicacciones de las Farc planteadas en enero de 2009*: Una fuerza pública fundamentada en los principios bolivarianos de nunca utilizar las armas contra el pueblo; Participación democrática nacional, regional y municipal; Parlamento unicameral; Independencia en la elección de organismos de control institucional, así como también en la integración de las Altas Cortes; Los sectores estratégicos de la producción deben ser propiedad del Estado; El énfasis económico se hará en la producción y en la autosuficiencia alimentaria; Quienes más riquezas posean mayores impuestos pagarán. El 50% del presupuesto nacional se destinará a lo social y el 10% a la investigación científica; Tierras productivas para el campesinado con grandes incentivos y ayudas; Estrategias para mantener el equilibrio ecológico; Relaciones internacionales bajo el principio de la no intervención de fuerzas extranjeras; Legalización de la producción y comercialización de la droga con estrategias de substitución de cultivos; Respeto a los derechos de las etnias y las minorías.
    *Anuario de procesos de paz, Vicenç Fisas 2012, Escola de Cultura de Pau. Icaria, Barcelona, pág. 73.
    Como normalito no (y hasta interesante), pero mejor no comment, que los chicos/as no se portan muy bien, la verdad, aunque tampoco les hacen ni caso a lo que dicen, ya silencio… próximos comentarios donde Esperanza 🙂

  2. marcos el blanco dijo:

    Bien por ti, Lucho Herrera.

  3. Great to hear your thoughts and see your images of Colombia.
    I saw Arthur recently in Huaraz, we didn’t ride together but hung out for a couple of days, which was cool.
    I’m really enjoying listening to the music mixes – tranquilidad and alegre!
    I’m now lighter than before – the panniers have gone… What next?!

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